El restaurante ya había probado varias cosas para atraer clientes nuevos: volantear por la zona, publicar en Instagram, pagar publicidad, usar WhatsApp y repartir imanes en hoteles. Algunas acciones daban pequeños empujones, pero no alcanzaban.
La encargada lo resumía así: tenían clientes del año anterior, pero muy pocos nuevos. Querían que más gente los descubriera, el local estaba algo escondido y no lograban captar suficiente público.
El problema era la descubribilidad.

En el local
El QR en la mano de quien recibe a los clientes todos los días.
La historia no parte de una campaña abstracta, sino de una mesa real, un cliente satisfecho y una invitación simple a dejar su experiencia.
El turista decide antes de llegar a la puerta
Durante mucho tiempo, muchos restaurantes pensaron la visibilidad como algo que pasaba en Instagram, en la vereda o en la recomendación boca a boca. Y todo eso sigue importando.
Pero en zonas turísticas aparece una verdad incómoda: cuando alguien no conoce la ciudad, no suele caminar al azar hasta encontrar el mejor lugar. Abre Google Maps. Busca “parrilla”, “restaurante cerca” o “dónde comer”, mira fotos, compara estrellas, lee reseñas y decide.
“Cada vez que quiero ir a comer a algún lugar, lo primero que hago es Google Maps.”
La pregunta clave para un restaurante turístico no es solo cómo hacer para que lo conozcan. La pregunta es dónde está decidiendo el cliente cuando todavía no sabe dónde comer.
Qué hizo Dishboard
Puso un punto de contacto en la mesa para convertir clientes satisfechos en reseñas justo después de comer.
Qué mostró febrero
Más clientes llegaron por Google Maps y el restaurante empezó a convertir experiencias reales en reputación visible.
